¿Cuánto dura el amor?

Abril 2, 2009 at 10:38 pm (Amor)

¿Dura lo mismo que un suspiro? ¿Dura 6 segundos que es lo que tarda una lágrima en recorrer la mejilla? ¿Dura 3 segundos que es el tiempo en que uno termina de decir ”te quiero”, “te amo”, “te extraño”? ¿Dura una caricia? ¿Dura un beso? ¿Dura el tiempo en que uno tarda en hacer el amor? ¿Dura lo mismo que decir adios?… 

Hoy una persona me contó una historia muy triste, un tanto amarga sobre el amor. Esta persona aún siente un poco de dolor y cierta nostalgia por el amor que nunca fue, por el amor que la traicionó, por el amor que se fue y la golpeó en lo más profundo del corazón, sin anestesia, sin la más mínima consideración… y se sintió… sencillamente no hay palabras para expresar cómo se siente cuanto te arrancan el corazón.

Nunca he sufrido  una traición tan grande como el que ella vivió, pero no hace falta vivirlo para saber que es un dolor avasallador, que solo el tiempo puede curar…. el famoso tiempo en que uno desea decirle: ”Avanza rápido como puedas, por favor, y llevate contigo este dolor”. 

Es cierto que cuando uno empieza una relación lo haces con un poco de miedo, porque no quieres volver a sufrir, pero cómo saber si ésta vez te irá mejor, cómo saber que esta persona tomará tu amor, tu corazón y los protegerá como sus tesoros más preciados, y luchará a capa y espada para defenderlos. Uno puede sentir amor y estar muy seguro de sus sentimientos, pero no puedes saber cuánto durará.

Todos hemos sufrido por amor, hemos tenido experiencias muy dolorosas en que hemos deseado hasta morir; y si no, pues en algún momento nos pasará. No se puede negar que el enamorarse es algo hermoso, amar a alguien con todo lo que hay en ti y ser correspondido es la magia más maravillosa del mundo. Pero en algún momento uno se hace la pregunta: ¨¿Cuánto más durará esta magia? ¿Es cierto que existe el amor eterno o, por el contrario, el amor es solo un ciclo natural, como casi todo en esta vida, tiene su final? No sé si alguien pueda dar cuenta de ello.

Yo, por el momento, creo en el amor único, verdadero y duradero, pero no puedo dar fe de que será así siempre, porque eso solo el tiempo me lo dirá. Solamente espero que pase lo que pase, nunca pierda la esperanza y el brillo en los ojos.  

Esto es para ti… para que vuelvas a recuperar el alma

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Sincera confesión

Noviembre 19, 2008 at 9:46 pm (Amor)

Anoche te vi llorar y sentí que se me partió el corazón. A veces digo cosas que no debo, muchas de ellas las digo por ser demasiado sincera. No mido mis palabras, no mido mis actos, a veces soy demasiado impulsiva, es algo que tengo que mejorar.

sincera-confesionDesde que pasó aquello que ahora ambos no queremos recordar, jamás imaginé que para ti también sería difícil y que tratarías de olvidarlo. Siempre mostrabas tanta fortaleza ante los demás, hasta diría yo que tratabas de mostrar inmunidad ante el dolor. ¡Qué equivocada estuve!

Esas lágrimas, ese lamento y suspiro constantes fueron tan duros para mí que no supe qué decir, solo un lo siento que se me entrecortaba en los labios. Quiero recordarte que eres lo más maravilloso que me ha pasado en la vida. Por ti haría lo que fuera y tú lo sabes. Jamás trataría de lastimarte, pero mi estúpida boca se deslengua y dice cosas sin medir las consecuencias. Por favor una vez más perdóname.

Pero aún así, quiero que sepas también que hace bien desahogarse, romper en llanto y quebrarse como un niño. Lo que compartimos ayer fue único. Saber nuestros secretos y ahondar en nuestros corazones harán que nuestra relación sea más fuerte porque nos conocemos más mi amor. Y no te preocupes que todo saldrá muy bien porque te amo, porque me amas, porque nos amamos… Y si ahora me preguntas cuál es la pena más grande que he vivido hasta el momento, diría sin lugar a dudas que fue cuando te vi llorar.

Perdóname!!!
Perdóname!!!

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Dormir contigo

Noviembre 19, 2008 at 8:20 pm (Amor)

Nuestros cuerpos, uno solo

Nuestros cuerpos, uno solo

Llevo casi 9 meses con mi novio y siento que estoy más emocionada que de costumbre. Cada día que pasa lo extraño y amo más. Es curioso lo que me hace sentir, es como si estuviera en una montaña rusa con toda esa adrenalina dentro. Desde hace semanas estoy imaginándome cómo sería mi vida con él, como una pareja de convivientes o casados.

Miles de cosas pasan por mi cabeza. Y en todas las escenas me veo muy feliz porque estaría con él. Problemas nunca faltarían, pero a su lado creo que todo sería más fácil. Siento que me tomaría con más calma las cosas del trabajo, tendría más motivos para llegar a casa con toda la felicidad del mundo porque sabría que, a pesar de las vicisitudes de la vida, él me está esperando. Ya no tendría miedo en las noches al dormir porque me protegería de todos mis temores y me sentiría a salvo… Creo que al principio haríamos el amor al dormir, en plena madrugada y al levantarnos como cuando me quedo con él hasta al día siguiente (cuánto disfruto de pasar la noche con él).

Perfecta sensación

Perfecta sensación

Para nadie es novedad que estoy enamorada hasta los huesos, que lo amo y que me encantaría una vida a su lado. Sé que las cosas hay que tomárselas con calma y pisar con pies de acero, pero cuando estoy con él siento que quiero correr a mil por hora y hacer muchas locuras. Menos mal que él es mi serenidad y puedo ir poco a poco porque de eso se trata la vida: ir lento pero seguro. Ojalá que todo nos vaya bien y verdaderamente seamos el uno para el otro. Mientras el tiempo nos dé la razón, confieso que rezo todas las noches para que así sea.

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Para aquello que alejé de mi vida

Septiembre 19, 2008 at 8:52 pm (Amor)

De regreso a mi casa, hallé unos escritos en el asiento del couster en donde viajaba. Me gustaría compartirlo con ustedes porque me dio nostalgia cuando los leí y me puse a pensar en muchas cosas:

“Hay decisiones que uno toma en la vida que de alguna manera te hacen cambiar. Jamás imaginé que algún día ese momento llegaría. Pues bien, llegó y de inmediato supe qué hacer. Estuve segura de mi misma todo el tiempo, pero es increible cómo uno puede cambiar de parecer en cuestiones de microsegundos. Pero ni modo, no hay marcha atrás. 

Uno construye su propio camino, de acuerdo a cómo actúe en la vida. Uno comete mil errores y probablemente muchos de ellos nos cueste trabajo remediar, tal vez no nos baste una sola vida para hacerlo, pero cuesta la cruz que uno lleva sobre la espalda. ¡Vaya que pesa!

Estoy dispuesta a llevar mi propia cruz y a pagar cualquier error con tal de saber por unos segundos que hice lo correcto, con tal de volver a dormir tranquila todas las noches sin esa pesadumbre en el pecho, con tal de ser feliz y volver a empezar.

Tal vez no haya marcha atrás, tal vez no nos volvamos a ver, tal vez este sea el último adiós, tal vez no vuelva a ver el sol en mucho tiempo… tal vez un día puedas orlvidar el haberte alejado así de mi vida. No te pido que lo entiendas, pero deseo que me puedas perdonar. Quiero que sepas que te amé (Dios sabe que sí) y que te recordaré por siempre. Esto es para tí y prometo que rezaré por ti todas las noches”.    

Algún dia será

Algún día será

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Poniendome al día

Agosto 22, 2008 at 6:34 pm (Amistad)

Como hace 2 días lo dije: “Nunca más dejaré de lado a mis amigas por un trabajo esclavizador”. Así que después de varias semanas de estar incomunicada con mis mejores amigas de la facultad: Sandra, Grace y Sofía, me puse en contacto con ellas, a través del único medio de comunicación que me permite estar en contacto con la añorada universidad: correo PUCP. Después de sus respuestas inmediantas a mi cortísimo mensaje, me animé a decirles por qué no acordamos de una vez una reunión de chicas. Puse fecha y lugar y ojalá se pueda realizar.
Sandra, Sofia, Grace y Paola

Sandra, Sofía, Grace y Paola

Y así como he quedado con ellas, también quedé con una amiga muy querida (Liurka) que conocí en la academia Pitágoras, en el año 2000, cuando ambas nos preparábamos para ingresar a la Universidad Católica. Luego de un año y medio nos encontramos en la universidad, matriculándonos en el mismo salón. Compartimos los mismos cursos durante 2 años en Estudios Generales Letras antes de ingresar a facultad. Yo iba a Periodismo y ella a Derecho. También la extraño mucho. Con ella me reuniré este fin de semana.

Y de esta manera, poco a poco, estoy tratando de ponerme al día con mis amigas, sobre todo de los chismes no??? Ojalá no solo quede en palabras y se conviertan en hechos, ya que siempre es necesario econtrarnos con esa parte de nuestros corazones (los viejos amigos) que estuvieron a nuestro lado en épocas memorables de nuestras vidas. Los reencuentros con bonitas amistades es una de las mejores medicinas para los desatinos del día a día.

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Nunca más

Agosto 20, 2008 at 9:40 pm (Amistad)

Cinthia, Mónica y Paola (APSHLM)

Cinthia, Mónica y Paola (APSHLM)

Toda mi secundaria me la pasé con miedo a crecer, a salir de ese mundo maravilloso por su inocencia. La secundaria para mí fue una etapa con muchos cambios: el regreso de mi padre a la casa, mi nombramiento como Delegada del salón, mi nombramiento como Presidenta del Consejo Estudiantil en 5to año, mi primera academia con chicos lindos, etc. Todas estas cosas que a uno le pasan sin querer en una época en que todo cambia, pero a las finales resultan maravillosas, claro si las comparamos con los sucesos de la vida real, es decir, después de terminar 5 largos años de estudios en una universidad para empezar a trabajar. 

De pronto, estoy sentada en mi oficina, con muchos pendientes por hacer y poco tiempo en mi agenda. Me siento cansada, estresada y un tanto aburrida. Y es así cómo recuerdo aquellos años maravillosos en que todo parecía más fácil y recuerdo a mis mejores amigas del colegio que ahora están en España. Dios cómo las extraño!!! Lo que daría por retroceder el tiempo y volver a disfrutar de esos momentos.

Mónica viene todos los años a visitar a su familia. Por ello, mi contacto es más fuerte con ella. Cinthia, en cambio, desde que se fue solo ha venido una sola vez y nos encontramos esporádicamente en el msn. Pero cada vez que viene Mónica siempre es la misma jarana: no me alcanza el tiempo para visitarla como quisiera. Todo me hace pensar que ya no somos las mismas de antes y me da mucha nostalgia por ello.

En junio vino Mónica con su lindo hijo de un año y se fueron recién ayer. Estuvieron cerca de tres meses y solo la fui a visitar una vez, siempre decía mañana la llamo y nunca llegaba ese día. Incluso se reunió con la promo de mi cole, quienes habían organizado una reunión por su llegada y no fui porque, para variar, revisé mis mensajes de correo electrónico tarde, cuando ya habían tenido la reunión. 

El punto es que me puso un poco mal esta situación. No puede ser que nunca tenga tiempo para mis amigas que son parte importante en mi vida. Nunca pude despedirme bien de Mónica, solo a través de una llamada telefónica la noche anterior, pero como estaba medio dormida no recuerdo muy bien lo que le dije. Al día siguiente del suceso, le envié un correo pidiéndole que me disculpara por no haber pasado más tiempo con ella. 

Quise escribir este acontecimiento para decirle muchas cosas: que la próxima vez tendré todo el tiempo del mundo para verla. Que la quiero mucho y siempre la tengo presente. Y que, definitivamente, ella y Cinthia hicieron que mi época adolescente fuera la mejor.

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A la vuelta de la Esquina

Junio 1, 2008 at 7:50 pm (Amor)

Siempre he escuchado esta típica frase: “El amor está a la vuelta de la esquina”. Pero claro, yo siempre me preguntaba de qué esquina, (ya que no no me iba muy bien en este aspecto de mi vida), sin imaginar que se trataría de la esquina de mi casa donde encontraría el amor.

El inicio de algo muy bueno

Nuestra primera foto

Nuestra primera foto

 

Nos conocimos hace cuatro años (exactamente cómo no lo recuerdo, pero sí el lugar: Cabinas de Internet Chipynet). En ese entonces, en mi barrio eran solo algunos privilegiados quienes tenían computadoras en sus casas. Y Yo no era una de esas personas, así que me convertí en una usuaria asidua del lugar. Chipynet se convirtió en el boom de las cabinas en mi barrio porque contaba con dos puntos estratégicos: el lugar que era en casi una esquina sumamente vistosa y el encargado, un joven muy bien parecido, con cara de niño y una mirada angelical, estratégico sobre todo para las usuarias como yo. Siempre lo veía porque no solo trabajaba allí,  vivía y sigue viendo a una casa de esa esquina. De vez en cuando le pedía alguna ayudita, ya que las computadoras y yo siempre fuimos incompatibles. 

Me acuerdo que para ese fin de año (2004), yo llevaba el curso de Fotografía en la universidad. Y para uno de mis trabajos necesitaba tomar fotos a personas que en sus rostros expresaran algún tipo de emoción en particular. Él fue uno de mis modelos porque encontré en su mirada ese algo llamado ángel, que así nada más no se encuentra. A él nunca le gustaron las fotos, así que tuve que convencerlo para que posara, le dije que a cambio le regalaría una foto suya…

“Espero que esta foto sea de tu agrado porque me costó hacer este tipo de trabajo fotográfico y sobre todo si lo hice bajo mucha presión. Y aunque digas lo contrario, te ves muy bien retratado. Felices Fiestas. Un beso, PAOLA”. (Diciembre del 2004) 

¿Qué no daria yo por un beso suyo?

¿Qué no daría yo por un beso suyo?

Hace nueve meses que deseo conocerlo en su plenitud. Una madrugada del 21 de Octubre, en su casa, luego de una plática larga y tendida sobre el amor, los estudios, el trabajo y un sinnúmero de cosas nos encontramos en su sala a solas, nuestras manos se enlazaron y, sin pensarlo, nuestros labios ya se habían juntado sellando ese momento mágico que francamente no lo esperaba. Y sí, lo confieso, tal  vez al principio lo tomé con bastante calma porque jamás pensé que esa persona tierna, tranquila y risueña, alguien a quien consideraba mi amigo, podría despertar emociones tan fuertes en mí, tal vez  al principio no quería nada serio con él por temor a salir lastimada, ya que salía de una desilusión más. Pero eso fue cambiando poco a poco, cada día me iba involucrando más y sin darme cuenta. 

Una etapa nada fácil

De alguna manera uno siempre tiene un prototipo de “persona ideal”. Yo esperaba a mi complemento, no a alguien que tenga los mismos gustos que yo. ¡Qué aburrido!, pensaba. Finalmente lo encontré pero, como no todo el tiempo es color de rosa, las cosas se tornaban un poco difícil cuando no compartíamos algún pensamiento. No peleábamos, pero nos callábamos muchas cosas. Incluso yo que siempre he sido más expresiva. 

Por esas razones creo yo nuestra relación acabó con tanta frialdad que me dejó lastimado el corazón. El cómo terminó no es necesario que lo detalle porque ya no tiene caso ahondar en un tema delicado que a uno le trae malos recuerdos. Solo puedo decir que ese tiempo fue muy importante para darme cuenta de quien había perdido y que a la próxima vez le pusiera todas las ganas del mundo para hacer que realmente funcione. 

Una despedida que nunca se dio… felizmente!!!

Asi quiero contemplarlo siempre

Así quiero contemplarlo siempre

Yo ya había perdido todas las esperanzas de regresar con él. En cierta forma estaba cansada de esperar su llamada pidiéndome volver, se lo había pedido una vez y me dije NO MÁS porque quedé más confundida que nunca cuando lo hice. 

Su cumpleaños se acercaba y empecé a planear mi despedida. Era lo último que haría por él, me lo repetía a cada instante. Escribí una carta larguísima, compré un reloj que le había prometido cuando recién empezamos. No recordaba cuál era su torta favorita, pero sí los sabores que no debía comprar. Así que le dije a su primo que, por cierto es mi cuñado, me hiciera el favor de averiguar. Todo ya estaba planeado: Mi hermana llegaría en vísperas de su cumpleaños con una torta y una caja. Dentro de ella: el reloj y una medallita de Jesucristo bendecido por el sacerdote de mi iglesia que le había comprado para navidad y que no pude dárselo,  y por supuesto la famosa carta de despedida. Mi hermana solo tenía que decir: “Feliz cumpleaños y esto es de alguien que aún te quiere”.

Pero las cosas cambiaron de rumbo y tres días antes de su cumpleaños me encontré celabrando sus 25 años en la siempre concurrida tienda de Luchito con un grupo de amigos. Ya se imaginarán lo que sentí al verlo. Dudé de mis intenciones de despedirme porque lo vi y quería lanzarme hacia él y comerlo a besos, pero me contuve aunque no por mucho tiempo porque al finalizar la reunión lo besé y él me correspondió. Pasamos una noche mágica porque establecimos una intimidad que antes no compartíamos. Y solo así pude darme cuenta de que aún le pertenecía y que no podía despedirme. Fue la primera vez en bastante tiempo que sus palabras salían directo del corazón y verdaderamente lo sentí mío.

Regresamos en la víspera de su cumpleaños con un jueguito que empecé yo: “¿Si tienes la oportunidad de que solo por tu cumpleaños tu horóscopo diga algo que realmente deseas y se haga realidad, qué deseas escuchar?, pregunté yo  (…) ¿Y En el amor?”. Él respondió: ”Día propicio para la reconciliación”. Y eso fue todo para besarlo como nunca. Obviamente tuve que romper la carta y quedarme con la medallita en recuerdo de lo que eso significó para mí y de lo que aún sigue significando. 

Como la primera vez  

Las mariposas en el estómago, las palpitaciones a mil por hora, la piel de gallina, la perenne sonrisa a flor de labios, la sobrecargada energía para hacer cualquier cosa y la sensación de sentirse y verse bien por la presencia de ese alguien. Todas estas sensaciones son el común denominador de toda relación en su comienzo. Hasta ahora me siento así y espero que nunca se apague esa llamita que aviva el fuego del amor, aunque suene cursi decirlo.

Nada de esto me imaginé porque uno no busca a quien querer y a quien no, solo pasa, te flechan y “ya estás frito”. Y aunque hemos tenido muchas diferencias, hay cosas que me encantan de él: su forma tan tierna de decir y pedir las cosas, su chispa tan sana y fresca que sueltan en mí más de una carcajada, su terquedad innata que me hace admirarlo porque nunca se rinde, su sentido de responsabilidad y autoexigencia, su forma de acercarme hacia él para darme un beso que me eriza de pies a cabeza, su forma tan angelical de dormir… Qué no daría yo por despertar con él cada mañana. 

Uno siempre tiene miedo a enamorarse, aunque a veces digamos lo contrario. Lo importante en todo este asunto es que, de vez en cuando, hay que dejarse llevar… porque uno no busca, a uno lo encuentran. Y, cuando sucede, hay que abrir bien los ojos… porque puede estar tan cerca que ni lo ves, tan cerca como salir de casa y voltear en la esquina.     

¿Qué habria sido de mi si no lo intentaba?

¿Qué habría sido de mí si no lo intentaba?

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Un sol que no volvió a salir

Octubre 19, 2007 at 7:47 am (Amor) ()

Él tenía 16 años y yo solo 12 cuando lo conocí. “Tú eres Paolita, ¿no?, la sobrina de mi tía. Sabes dónde está, la estoy buscando por toda la casa y no la encuentro”. Yo me quedé muda, nunca me había sentido tan avergonzada porque estaba llenando un slam (cuaderno de preguntas y respuestas donde dejas un recuerdo): “¿te gusta alguien?”, “¿cómo se llama?”. Rayos, estas preguntas siempre las pasaba porque aún no me gustaba alguien. Pero al verlo, tan lindo, con esos ojos pequeños y esa cabellera rubia con ondas, me puso la piel de gallina. Habría puesto su nombre una y mil veces en el slam, lleno de corazones y nubes de colores. Mi primera gran ilusión, David.  

El beso que nunca fue 

Recuerdo que para el Año Nuevo de 1999, mi primera salida a una disco era en Sullana, “La Bonsai”. Él estaba un poco tomado, pero bailaba como los dioses. Su hermoso cuerpo cálido y oliendo a las mejores fragancias del mundo parecía deleitarse en la pista de baile. Cómo me gustaba acercarme a él y que me tomara por los costados, acariciándome suavemente. Yo me sentía única. Ese día, cuando estábamos a solas. Se sentó a mi lado y, mirándome con ternura, me dijo: “te quiero mucho Paolita”, se acercó lentamente, me agarró con sus cálidas manos y cuando estuvo por acercarse más, volteé el rostro para que el beso fuera en la mejilla.

Nuevo Milenio, nueva decisión  

Cuando cumplí 16 años, me sentí más segura de mí misma, había aprendido a bailar, me podía vestir con faldas sin el temor de que se me viera mal. Estaba decida a conquistarlo, a hacerle ver que yo ya no era esa niña menuda y tímida que conoció. “Esta vez, David tendrá que darse cuenta de la mujer en que me he convertido”, me lo repetía mil veces. Convencí a mi mamá de celebrar el Nuevo Milenio en mi casa, con la finalidad de que venga mi familia del norte y, por ende, David que vivía en el Cercado de Lima y era sobrino de mi tío político. Pero él nunca llegó. 

Un inesperado final 

En la madrugada del 1º Enero del 2000, una camioneta negra con cinco pasajeros que regresaba de San Bartolo, debido a la lluvia y al exceso de velocidad, patinó en una curva de la carretera. El carro se volcó y uno salió a estrellarse contra el pavimento, murió instantáneamente. Los demás sobrevivieron. Pero cómo es el destino de caprichoso, aquel que se encontraba tirado boca abajo sobre la pista tenía las mismas características de David… el único que no sobrevivió. Me costó mucho superar su muerte, en cierta forma me arrepentí por haber esperado tanto tiempo para demostrarle lo que sentía. Después de tantos años aún lo recuerdo con ternura. Cada vez que se puede, visito su nicho en “El Ángel” y recuerdo la razón por la cual no debo callarme ningún sentimiento, por muy pequeño que sea.

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Una Despedida, un Perdón

Octubre 9, 2007 at 3:29 am (Familia)

Ayer, mi abuela materna habría cumplido 85 años si estuviera viva. Como nunca, casi todos estuvieron presentes en la misa que se celebraba en el cementerio “El Ángel”. Yo no pude asistir porque estoy medio alejada de Dios, aún no me confieso y la verdad es que no quiero hacerlo. Sé que a mi abuela le hubiera molestado mucho mi actitud, como le molestaba casi todo lo que hacía.

 Una relación difícil

De pronto recordé mi relación con ella, la cual nunca fue buena, a pesar de vivir bajo el mismo techo. Se podría decir que fue mi abuela quien me crió, pero no sé por qué nunca pude darle una muestra de cariño sincero. Recuerdo que en mi pubertad discutíamos por todo, pero más porque no le gustaba que saliera a conversar con mis amigos de barrio. ”Te voy a jalar de las greñas cuando te vea con esos vagos”, me gritaba delante de ellos cuando me llevaba a misa. Cómo odiaba que hiciera eso.

Además de hacerme pasar vergüenza gritándome delante de mis amigos, recuerdo que solía encerrarme en mi casa, por horas, cuando salía a reunirse con el grupo de oración al que pertenecía. Jamás me escuchaba y yo pensaba que estaba metida en la religión sólo para aparentar que era buena persona, cuando en verdad no lo era. A veces, mi abuela se ganaba la antipatía de mis vecinos porque renegaba siempre, más cuando pisaban de casualidad su césped o sus bien cuidadas flores. Los retaba tanto que ya ni se asomaban por mi vereda.

Siempre me quejaba con mi mamá, pero nunca me hacía caso, me decía que todo lo que mi abuela hacía era por mi bien, porque me quería. Yo no creía eso, ni mucho menos que ella fuera sensible. Pero, cuando la vi llorar después de discutir fuertemente pensé en que podría haberme equivocado. Era la primera vez que la veía tan triste por mi causa y, no lo niego, me conmovió mucho.

Recuerdo que los primeros años de mi vida hasta los 14, cuando mi abuela murió de cáncer, la culpaba de haberme privado de lo que más quería en ese entonces: tener mi primer enamorado y más libertad para tener amigos. Y, después de su muerte, el remordimiento de conciencia era insoportable. No comprendía nada de lo que hacía, no entendía por qué era tan mal pensada con respecto a mis amigos o por qué quería que me llevara bien con mi hermana menor. No entendí nada de eso hasta que tuve que hacerme prácticamente cargo de mi hermana y la vida dio un giro para mí.

La enfermedad cambió muchas cosas

En la primavera de 1997 a mi abuela le detectaron cáncer al páncreas. Tiempo de vida: aproximadamente un año, pero me imagino que las súplicas a Dios la ayudaron para que no sufriera más, así que duró sólo seis meses. Recuerdo que mi madre sufría mucho y yo sufría con ella. El cáncer terminó con su carácter fuerte, con su sonrisa de medio lado, con sus grandes ojos avivados, con su caminar apresurado, con su buen gusto en la cocina, con su buena voz para cantar alabanzas a Dios, con su energía para cuidar de sus más preciadas flores y, por supuesto, con su disposición para discutir conmigo. El cáncer poco a poco fue terminando con su vida e increíblemente con la mala imagen que tenía de ella. 

Las cosas entre nosotras se tranquilizaron durante esos meses, pero no sabía cómo reaccionar cuando la veía en cama sin ganas de levantarse.  Por ello, a lo único que atinaba era a pasar el mayor tiempo posible lejos de casa, para no verla sufrir. Tener a un familiar que sufre de esa horrible enfermedad, ver cómo se consume día a día, es algo que te deja marcado.    

Una despedida que nunca llegó

El 18 de marzo de 1998, después de casi 10 horas de agonía, falleció en su cama, rodeada de hijos, nietos, sobrinos y las hermanas de la  “Legión de María”, grupo de oración al que pertenecía. Se despidió de todos menos de mí. Tenía tantas ganas de pedirle perdón por lo mal que me porté con ella, por no haber puesto de mi parte para que nuestra relación sea más llevadera, por haberle dicho tantas cosas que en verdad no las sentía. Tenía tantas ganas de abrazarla y besarla, pero no pude.

Hoy, sé que mi abuela me quiso como yo a ella, pero a nuestra manera. Tal vez discutir todo el tiempo fue la mejor forma de expresar el cariño que nos teníamos. Tal vez mi abuela no quiso despedirse de mí porque sabía que estaría bien. Tal vez no se fue del todo y aún sigue gritándome por mis malos comportamientos. O tal vez  no era necesario pedirnos perdón porque eso era algo que ya lo habíamos hecho desde hace tempo.    

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