Un adiós no siempre es el final
06 ene 2012 Dejar un comentario
in Amor
¡Qué difícil resulta decir adiós! Despedirse de alguien a quien amas tanto resulta doloroso por más preparado que te encuentres.
Hace unos días el gran amor de mi vida y yo nos separamos. Las razones no interesan cuando ambos sienten que un ciclo de idas y venidas de cuatro años llega a su fin. Es inevitable sentir que el corazón se sale del pecho cuando sabes que será la última vez que lo ves, que hablarás con él, que sentirás sus besos, caricias, sus ojos en ti. Y de pronto, retumba en tu cabeza esta fastidiosa pregunta: “¿Cómo logras desacostumbrarte de esa persona, quien por tantos años estuvo contigo compartiendo una vida?” Nadie lo sabe, el tiempo dicen algunos.
Muchas veces cuesta hasta el aliento tomar decisiones que sabes que tendrán desgarradoras consecuencias. Dios sabe que para mí la decisión más difícil que he tomado en todo este tiempo fue dejarlo ir. ¿Para qué? Para que encuentre su propio camino. Y ustedes se preguntarán cómo sé que fue la mejor decisión. Tan sencillo como mirarlo a través de los ojos del alma y saber que no era feliz a mi lado. Por mucho que lo intentaba y esforzaba siempre sentía el enorme vacío en su corazón, y ni todo el amor que le daba lograba llenar ese hueco. Por tanto, verlo medio feliz me hacía totalmente infeliz. ¿De eso se trata el amor no? “Tú eres feliz y yo también lo soy”.
Él sabe que la mayor prueba de amor que le pude dar es dejarlo libre para que encuentre su propia felicidad, aunque lo ame demasiado. Y sé que la va a encontrar; al menos eso le pido a Dios cuando se me parte el corazón al recordarlo. Luego, me recargo de valentía y fuerzas para continuar con mi vida, pensando que fue lo mejor que pude haber hecho por él.
No sé cuánto dure mi proceso de recordarlo con dolor y nostalgia, porque después de este trance lo haré ya no con lágrimas, sino con una linda sonrisa en el rostro recordando lo hermoso que fue nuestra relación mientras duró. Después solo será un recuerdo más de un amor más. Aunque por ahí dicen que el primer amor nunca se olvida. Francamente, no lo sé.
Algunos dicen que estoy viviendo a mis 28 años lo que debí vivir a los 20. Tal vez tengan razón, nadie tiene la verdad absoluta de la vida. Lo único de lo que estoy segura es que el amor llegó a mi vida en el momento exacto. Ni más, ni menos. ¿Y saben qué? No me arrepiento de nada. Todo lo que hice por él, por nuestra relación fue porque me nació y lo volvería a hacer si pudiera retroceder el tiempo. Fui feliz, muy feliz y esos momentos compartidos no los cambiaría por nada.
Y como un buen amigo me dijo hace unos días: “Así como la muerte es parte de la vida, la decepción amorosa también lo es”. Es cierto. La vida tiene muchos finales dolorosos, pero casi siempre estos finales son solo el comienzo de algo mejor. Lo quieras o no, es el camino que hay que recorrer para hacerte más fuerte ante las adversidades posteriores, más seguro para saber lo que quieres y puedas valorar lo que posees y, lo mejor de todo, más preparado para algo nuevo, diferente y mucho mejor.
Mis grandes y mejores deseos para ti mi amorito precioso. Que Dios te colme de infinitas bendiciones en este camino difícil que tienes que transitar. Sé que encontrarás lo que tu corazoncito busca. Gracias por intentarlo. Te amo.

