Ahora pues… los 29.

“Espera con paciencia a que maduren los frutos para poder apreciar debidamente su dulzura. No seas esclavo del pasado y los recuerdos tristes”.

Imagen

Me parece que fue ayer cuando tenía 14 años y quería acabar el colegio. Luego salí del cole, entré a la academia y repetía a mil por hora: “Quiero que pasen los años rápido para tener mi independencia. Quiero hacer vida social, fumar, tomar y juerguear con mis amigos, estudiar como yo quiera sin que me estén controlando… quiero la universidad”. Cuando ya estaba en la universidad deseaba acabarla de una vez para tener más independencia: “Quiero ganar mi propio dinero y gastármelo como desee”. Después, casi al egresar de la Católica llegó mi primer trabajo que me cayó a pelo porque hice lo que quise con mi dinero. Me endeudé, me recuperé y me volví a endeudar… Y ahora después de  17 años, ruego a Dios porque los días se me hagan eternos.

Hoy cumplo nada más y nada menos que 29 añitos de vida. Es el último año de la mejor década creo yo de nuestras vidas, último año de la base 2 y solo deseo que mi reloj se detenga…. Sí pues, no puedo negar que tengo algo de miedo y nostalgia de dejar esta etapa que sigue siendo maravillosa. Miedo de pasar a una década mucho más difícil y que no tengo ni la menor idea de cómo será. Es una mezcla de curiosidad, temor y nostalgia que embarga mi ser… Y cómo no he de sentirme así, si creo que ya no tengo tiempo para disfrutar la vida como antes, cuando sentía que hacía mil cosas y aún me sobraba tiempo. Los días cada vez se me hacen más cortos. Ya no puedo sentarme a tener una plática amena con una amistad de antaño, o leer un buen libro, o ver una impactante película, o ver una maravillosa obra teatral, o trabajar sin cesar en lo que me apasiona, que cuando pregunto la hora, me doy con la sorpresa de que ya terminó el día. Y siempre me quedo con la sensación de que ese momento vivido no fue suficiente.

Hoy es mi primer día de este nuevo año y lo único que deseo es tiempo. Tengo un millón de cosas por hacer… ¡Qué bueno! Pero deseo disfrutarlo al máximo, sin la premura del tiempo ni la angustia de saber que este año de nuevo se pasará volando. No me importaría tener que trabajar hasta tarde si sé que después de un fructífero quehacer, llegaré a mi casa y encontraré a mis seres queridos. Lo único que pido es que las horas se me hagan largas y que el tiempo se detenga cuando estoy con mi familia y amigos, cuando hago lo que me apasiona, cuando escucho mi corazón acelerarse por ese maravilloso ser, cuando contemplo los atardeceres en el mar, cuando me escabullo en el maravilloso mundo de la escritura, cuando disfruto de la compañía de mi alma gemela, etc.

No quiero dinero, ni joyas, ni el auto del año, ni la casa soñada, ni ropa cara, ni pasajes en avión en primera clase, ni restaurantes caros. No los necesito por ahora para ser feliz…. Solo pido firmeza en mis actitudes y perseverancia en mis ideales; paciencia para no pretender que todo me llegue de inmediato; sabiduría para entender que todo llega en el momento oportuno y, principalmente, habilidad para hacer tiempo para todo… para disfrutar más de la vida. Mucho más.

2012… Decisiones

“Jamás dejes que las dudas paralicen tus acciones. Toma siempre todas las decisiones que necesites tomar, incluso sin tener la seguridad o certeza de que estás decidiendo correctamente”. (Paulo Coelho)

Se acaba enero y la premura por hacer un millón de cosas nos deja la terrible sensación de que este año se irá más rápido que el anterior. Y a cada momento repetimos las mismas frases trilladas: “¡Cómo pasan los días!” “Otra semana que acaba”. “Ya estamos a fin de mes”… y ahora viene Febrero y es el mes más corto. Entre tanto qué hacer y el poco tiempo que tengo, de pronto me puse a pensar en el año que se fue y en lo que dejó. Decisiones. El 2011 fue un año de muchas e importantes decisiones.

A veces, la vida tiene momentos en que te agarra fuerte de los brazos y con un clásico samaqueo te hace ver las cosas de diferente manera y decides… Pero así como tomas decisiones también tienes que asumir las consecuencias de las mismas. Si te equivocas, hazte cargo. De lo contrario, disfruta lo bueno que trae consigo. La certeza o equivocación de tus decisiones lo irás descubriendo en el camino. Lo importante es avanzar y disfrutar de cada momento.

Es curioso lo que me ocurre, pero hay instantes en que creo volverme más exigente con lo que quiero en la vida. Cuando organizo el plan perfecto para mi futuro, nada sale como yo espero. Menos mal. Muchas ocasiones queremos cosas que creemos son buenas para nosotros y nos equivocamos. Y es que todos buscamos nuestra felicidad. ¿Pero quién sabe, a ciencia cierta, lo que realmente nos hará felices? Lo que nos hace felices ahora, puede ser que mañana ya no.

Reflexiono en ello y digo que la felicidad no consiste en tenerlo todo en una vida perfecta, sino en disfrutar de las cosas pequeñas que te da la vida. Mirar un atardecer hermoso al salir de casa. Conversar por el chat con un amigo que no ves hace mucho. Comer esa torta de chocolate que te provocó con tanto gusto. Pasar al siguiente nivel de tu juego favorito del Play Station 3 y disfrutarlo como si fueras un niño. Explorar tu celular nuevo con todas sus aplicaciones como si fuera tu juguete nuevo. Fumar ese puchito que tanto ansiabas para bajar el almuerzo según tú. Comerte ese chupete de mango que te hace mal pero te encanta… en fin. Son esos pequeñísimos ratos que te hacen sentir bien, y hasta los más felices del mundo en ese preciso instante. Deseas que sea para siempre, pero no es así.

A puertas de febrero de este año incierto, quiero decir que no busco la felicidad perfecta, porque eso no existe. Busco los plácidos, sencillos y perfectos momentos que se tornarán inolvidables. Estoy dispuesta a tomar todas las decisiones que pueda. Sin miedo a cuestionarme si es la correcta o no. Al fin y a cabo, si me equivoco… Qué con eso. Puedo rectificarme y ya está. Lo bueno del ser humano es que siempre puede cambiar de parecer, caerse, revolcarse, danzar en el fango y levantarse como si nada. Todo está en nuestra capacidad de decisión. Y yo decido.

cuartex