Un sol que no volvió a salir


Él tenía 16 años y yo solo 12 cuando lo conocí. “Tú eres Paolita, ¿no?, la sobrina de mi tía. Sabes dónde está, la estoy buscando por toda la casa y no la encuentro”. Yo me quedé muda, nunca me había sentido tan avergonzada porque estaba llenando un slam (cuaderno de preguntas y respuestas donde dejas un recuerdo): “¿te gusta alguien?”, “¿cómo se llama?”. Rayos, estas preguntas siempre las pasaba porque aún no me gustaba alguien. Pero al verlo, tan lindo, con esos ojos pequeños y esa cabellera rubia con ondas, me puso la piel de gallina. Habría puesto su nombre una y mil veces en el slam, lleno de corazones y nubes de colores. Mi primera gran ilusión, David.  

El beso que nunca fue 

Recuerdo que para el Año Nuevo de 1999, mi primera salida a una disco era en Sullana, “La Bonsai”. Él estaba un poco tomado, pero bailaba como los dioses. Su hermoso cuerpo cálido y oliendo a las mejores fragancias del mundo parecía deleitarse en la pista de baile. Cómo me gustaba acercarme a él y que me tomara por los costados, acariciándome suavemente. Yo me sentía única. Ese día, cuando estábamos a solas. Se sentó a mi lado y, mirándome con ternura, me dijo: “te quiero mucho Paolita”, se acercó lentamente, me agarró con sus cálidas manos y cuando estuvo por acercarse más, volteé el rostro para que el beso fuera en la mejilla.

Nuevo Milenio, nueva decisión  

Cuando cumplí 16 años, me sentí más segura de mí misma, había aprendido a bailar, me podía vestir con faldas sin el temor de que se me viera mal. Estaba decida a conquistarlo, a hacerle ver que yo ya no era esa niña menuda y tímida que conoció. “Esta vez, David tendrá que darse cuenta de la mujer en que me he convertido”, me lo repetía mil veces. Convencí a mi mamá de celebrar el Nuevo Milenio en mi casa, con la finalidad de que venga mi familia del norte y, por ende, David que vivía en el Cercado de Lima y era sobrino de mi tío político. Pero él nunca llegó. 

Un inesperado final 

En la madrugada del 1º Enero del 2000, una camioneta negra con cinco pasajeros que regresaba de San Bartolo, debido a la lluvia y al exceso de velocidad, patinó en una curva de la carretera. El carro se volcó y uno salió a estrellarse contra el pavimento, murió instantáneamente. Los demás sobrevivieron. Pero cómo es el destino de caprichoso, aquel que se encontraba tirado boca abajo sobre la pista tenía las mismas características de David… el único que no sobrevivió. Me costó mucho superar su muerte, en cierta forma me arrepentí por haber esperado tanto tiempo para demostrarle lo que sentía. Después de tantos años aún lo recuerdo con ternura. Cada vez que se puede, visito su nicho en “El Ángel” y recuerdo la razón por la cual no debo callarme ningún sentimiento, por muy pequeño que sea.

3 pensamientos en “Un sol que no volvió a salir

  1. excelente testimonio, una lastima k allas perdido ese gran amor cuando te encontrabas decidada a todo por él. no te amilanes y sigue adelante que Dios te ilumine y te derrame muchas Bendiciones

  2. Bueno primita, nunca supe de eso. Me dio penita tu declaración, pero fue una declaración muy romántica, que nunca he escuchado, y me sorpredió que fue de mi primo David, que aún lo recuerdo… pero te digo algo, solo una vez se enamora, y aunque fue de una persona muy linda, a la misma vez, era muy loca… y eso solo Dios lo sabe. Lo único q te digo es que te cuides y que Dios te bendiga siempre, y sigue así de romántica xq esas cosas le gustan aun hombre, pero igual tienes que cuidarte xq hay hombres que no valen la pena.

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