Siempre he escuchado esta típica frase: “El amor está a la vuelta de la esquina”. Pero claro, yo siempre me preguntaba de qué esquina, (ya que no no me iba muy bien en este aspecto de mi vida), sin imaginar que se trataría de la esquina de mi casa donde encontraría el amor.

El inicio de algo muy bueno

Nuestra primera foto

Nuestra primera foto

 

Nos conocimos hace cuatro años (exactamente cómo no lo recuerdo, pero sí el lugar: Cabinas de Internet Chipynet). En ese entonces, en mi barrio eran solo algunos privilegiados quienes tenían computadoras en sus casas. Y Yo no era una de esas personas, así que me convertí en una usuaria asidua del lugar. Chipynet se convirtió en el boom de las cabinas en mi barrio porque contaba con dos puntos estratégicos: el lugar que era en casi una esquina sumamente vistosa y el encargado, un joven muy bien parecido, con cara de niño y una mirada angelical, estratégico sobre todo para las usuarias como yo. Siempre lo veía porque no solo trabajaba allí,  vivía y sigue viendo a una casa de esa esquina. De vez en cuando le pedía alguna ayudita, ya que las computadoras y yo siempre fuimos incompatibles. 

Me acuerdo que para ese fin de año (2004), yo llevaba el curso de Fotografía en la universidad. Y para uno de mis trabajos necesitaba tomar fotos a personas que en sus rostros expresaran algún tipo de emoción en particular. Él fue uno de mis modelos porque encontré en su mirada ese algo llamado ángel, que así nada más no se encuentra. A él nunca le gustaron las fotos, así que tuve que convencerlo para que posara, le dije que a cambio le regalaría una foto suya…

“Espero que esta foto sea de tu agrado porque me costó hacer este tipo de trabajo fotográfico y sobre todo si lo hice bajo mucha presión. Y aunque digas lo contrario, te ves muy bien retratado. Felices Fiestas. Un beso, PAOLA”. (Diciembre del 2004) 

¿Qué no daria yo por un beso suyo?

¿Qué no daría yo por un beso suyo?

Hace nueve meses que deseo conocerlo en su plenitud. Una madrugada del 21 de Octubre, en su casa, luego de una plática larga y tendida sobre el amor, los estudios, el trabajo y un sinnúmero de cosas nos encontramos en su sala a solas, nuestras manos se enlazaron y, sin pensarlo, nuestros labios ya se habían juntado sellando ese momento mágico que francamente no lo esperaba. Y sí, lo confieso, tal  vez al principio lo tomé con bastante calma porque jamás pensé que esa persona tierna, tranquila y risueña, alguien a quien consideraba mi amigo, podría despertar emociones tan fuertes en mí, tal vez  al principio no quería nada serio con él por temor a salir lastimada, ya que salía de una desilusión más. Pero eso fue cambiando poco a poco, cada día me iba involucrando más y sin darme cuenta. 

Una etapa nada fácil

De alguna manera uno siempre tiene un prototipo de “persona ideal”. Yo esperaba a mi complemento, no a alguien que tenga los mismos gustos que yo. ¡Qué aburrido!, pensaba. Finalmente lo encontré pero, como no todo el tiempo es color de rosa, las cosas se tornaban un poco difícil cuando no compartíamos algún pensamiento. No peleábamos, pero nos callábamos muchas cosas. Incluso yo que siempre he sido más expresiva. 

Por esas razones creo yo nuestra relación acabó con tanta frialdad que me dejó lastimado el corazón. El cómo terminó no es necesario que lo detalle porque ya no tiene caso ahondar en un tema delicado que a uno le trae malos recuerdos. Solo puedo decir que ese tiempo fue muy importante para darme cuenta de quien había perdido y que a la próxima vez le pusiera todas las ganas del mundo para hacer que realmente funcione. 

Una despedida que nunca se dio… felizmente!!!

Asi quiero contemplarlo siempre

Así quiero contemplarlo siempre

Yo ya había perdido todas las esperanzas de regresar con él. En cierta forma estaba cansada de esperar su llamada pidiéndome volver, se lo había pedido una vez y me dije NO MÁS porque quedé más confundida que nunca cuando lo hice. 

Su cumpleaños se acercaba y empecé a planear mi despedida. Era lo último que haría por él, me lo repetía a cada instante. Escribí una carta larguísima, compré un reloj que le había prometido cuando recién empezamos. No recordaba cuál era su torta favorita, pero sí los sabores que no debía comprar. Así que le dije a su primo que, por cierto es mi cuñado, me hiciera el favor de averiguar. Todo ya estaba planeado: Mi hermana llegaría en vísperas de su cumpleaños con una torta y una caja. Dentro de ella: el reloj y una medallita de Jesucristo bendecido por el sacerdote de mi iglesia que le había comprado para navidad y que no pude dárselo,  y por supuesto la famosa carta de despedida. Mi hermana solo tenía que decir: “Feliz cumpleaños y esto es de alguien que aún te quiere”.

Pero las cosas cambiaron de rumbo y tres días antes de su cumpleaños me encontré celabrando sus 25 años en la siempre concurrida tienda de Luchito con un grupo de amigos. Ya se imaginarán lo que sentí al verlo. Dudé de mis intenciones de despedirme porque lo vi y quería lanzarme hacia él y comerlo a besos, pero me contuve aunque no por mucho tiempo porque al finalizar la reunión lo besé y él me correspondió. Pasamos una noche mágica porque establecimos una intimidad que antes no compartíamos. Y solo así pude darme cuenta de que aún le pertenecía y que no podía despedirme. Fue la primera vez en bastante tiempo que sus palabras salían directo del corazón y verdaderamente lo sentí mío.

Regresamos en la víspera de su cumpleaños con un jueguito que empecé yo: “¿Si tienes la oportunidad de que solo por tu cumpleaños tu horóscopo diga algo que realmente deseas y se haga realidad, qué deseas escuchar?, pregunté yo  (…) ¿Y En el amor?”. Él respondió: “Día propicio para la reconciliación”. Y eso fue todo para besarlo como nunca. Obviamente tuve que romper la carta y quedarme con la medallita en recuerdo de lo que eso significó para mí y de lo que aún sigue significando. 

Como la primera vez  

Las mariposas en el estómago, las palpitaciones a mil por hora, la piel de gallina, la perenne sonrisa a flor de labios, la sobrecargada energía para hacer cualquier cosa y la sensación de sentirse y verse bien por la presencia de ese alguien. Todas estas sensaciones son el común denominador de toda relación en su comienzo. Hasta ahora me siento así y espero que nunca se apague esa llamita que aviva el fuego del amor, aunque suene cursi decirlo.

Nada de esto me imaginé porque uno no busca a quien querer y a quien no, solo pasa, te flechan y “ya estás frito”. Y aunque hemos tenido muchas diferencias, hay cosas que me encantan de él: su forma tan tierna de decir y pedir las cosas, su chispa tan sana y fresca que sueltan en mí más de una carcajada, su terquedad innata que me hace admirarlo porque nunca se rinde, su sentido de responsabilidad y autoexigencia, su forma de acercarme hacia él para darme un beso que me eriza de pies a cabeza, su forma tan angelical de dormir… Qué no daría yo por despertar con él cada mañana. 

Uno siempre tiene miedo a enamorarse, aunque a veces digamos lo contrario. Lo importante en todo este asunto es que, de vez en cuando, hay que dejarse llevar… porque uno no busca, a uno lo encuentran. Y, cuando sucede, hay que abrir bien los ojos… porque puede estar tan cerca que ni lo ves, tan cerca como salir de casa y voltear en la esquina.     

¿Qué habria sido de mi si no lo intentaba?

¿Qué habría sido de mí si no lo intentaba?

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