2012… Decisiones


“Jamás dejes que las dudas paralicen tus acciones. Toma siempre todas las decisiones que necesites tomar, incluso sin tener la seguridad o certeza de que estás decidiendo correctamente”. (Paulo Coelho)

Se acaba enero y la premura por hacer un millón de cosas nos deja la terrible sensación de que este año se irá más rápido que el anterior. Y a cada momento repetimos las mismas frases trilladas: “¡Cómo pasan los días!” “Otra semana que acaba”. “Ya estamos a fin de mes”… y ahora viene Febrero y es el mes más corto. Entre tanto qué hacer y el poco tiempo que tengo, de pronto me puse a pensar en el año que se fue y en lo que dejó. Decisiones. El 2011 fue un año de muchas e importantes decisiones.

A veces, la vida tiene momentos en que te agarra fuerte de los brazos y con un clásico samaqueo te hace ver las cosas de diferente manera y decides… Pero así como tomas decisiones también tienes que asumir las consecuencias de las mismas. Si te equivocas, hazte cargo. De lo contrario, disfruta lo bueno que trae consigo. La certeza o equivocación de tus decisiones lo irás descubriendo en el camino. Lo importante es avanzar y disfrutar de cada momento.

Es curioso lo que me ocurre, pero hay instantes en que creo volverme más exigente con lo que quiero en la vida. Cuando organizo el plan perfecto para mi futuro, nada sale como yo espero. Menos mal. Muchas ocasiones queremos cosas que creemos son buenas para nosotros y nos equivocamos. Y es que todos buscamos nuestra felicidad. ¿Pero quién sabe, a ciencia cierta, lo que realmente nos hará felices? Lo que nos hace felices ahora, puede ser que mañana ya no.

Reflexiono en ello y digo que la felicidad no consiste en tenerlo todo en una vida perfecta, sino en disfrutar de las cosas pequeñas que te da la vida. Mirar un atardecer hermoso al salir de casa. Conversar por el chat con un amigo que no ves hace mucho. Comer esa torta de chocolate que te provocó con tanto gusto. Pasar al siguiente nivel de tu juego favorito del Play Station 3 y disfrutarlo como si fueras un niño. Explorar tu celular nuevo con todas sus aplicaciones como si fuera tu juguete nuevo. Fumar ese puchito que tanto ansiabas para bajar el almuerzo según tú. Comerte ese chupete de mango que te hace mal pero te encanta… en fin. Son esos pequeñísimos ratos que te hacen sentir bien, y hasta los más felices del mundo en ese preciso instante. Deseas que sea para siempre, pero no es así.

A puertas de febrero de este año incierto, quiero decir que no busco la felicidad perfecta, porque eso no existe. Busco los plácidos, sencillos y perfectos momentos que se tornarán inolvidables. Estoy dispuesta a tomar todas las decisiones que pueda. Sin miedo a cuestionarme si es la correcta o no. Al fin y a cabo, si me equivoco… Qué con eso. Puedo rectificarme y ya está. Lo bueno del ser humano es que siempre puede cambiar de parecer, caerse, revolcarse, danzar en el fango y levantarse como si nada. Todo está en nuestra capacidad de decisión. Y yo decido.

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